Porque las espinas están para algo…

 Los trikus (erizos, en euskera –euskara-), al igual que muchas niñas y niños, sacan sus púas para defenderse y crean su propio nido de protección.

 Mi propuesta de acompañamiento es la de respetar cada una de esas espinas y habilitar un espacio de confianza y seguridad para que ese niño o esa niña encuentre nuevas maneras de estar en el mundo y consigo mism@.

 Que se sienta mirad@, escuchad@ y aceptad@ y que encuentre la manera de ser quien es, en su totalidad; que pueda descubrir nuevas maneras de expresarse, de lidiar con los obstáculos y dificultades que se le presentan y confíe cada vez más en sí mism@.

 Y, a la vez, trabajar con su familia (cualesquiera sean las conjugaciones posibles que acojan su realidad), para encontrar junt@s una mejor manera de afrontar la situación que están atravesando.

 Me inspiro, sobre todo, en Violet Oacklander, Virginia Axline, Rebeca y Mauricio Wild, y todas las niñas y los niños con quienes me encontré a lo largo de mi vida (incluyéndome a mí misma…cuando era chiquita…).